jueves, 17 de mayo de 2012

Tasas y becas: Mentiras y medias verdades

Ayer por la noche estuve viendo en TVE1 una entrevista-tertulia con el Ministro de Educación José Ignacio Wert. Entre los temas que se trataron estaba el de la subida de tasas en la universidad, y el peligro de hacer muy difícil, cuando no imposible, el acceso a los estudios universitarios para aquellos que no tienen suficientes recursos económicos.
La subida máxima contemplada implica un incremento desde el 15% del coste real que de media representa el precio de la matrícula, hasta un 50% de media. Esta subida irá marcada por tramos, de forma que para los grados y másteres que habilitan para una profesión, el precio de la primera matrícula podrá establecerse en un máximo de un 25%, entre un 30 y un 40% para la segunda, desde un 65 a un 75% la tercera y del 90 al 100% para la cuarta. Para el resto de másteres, los que no habilitan para el ejercicio de una profesión, se fijarán tasas entre un 20 y un 50% del coste real para la primera matrícula, y entre el 20 y el 75% a partir de la segunda. El porcentaje final, dentro de estos márgenes, dependerá de la CCAA.

Más allá de si estos porcentajes son o no adecuados, excesivos o escasos, lo que me ha llamado la atención son los argumentos del Sr. Wert, que nos dice que, al contrario de lo que parece evidente, no se está discriminando a los que tienen menos recursos, sino que es el sistema anterior el que los discriminaba, y que por tanto su medida ayudará a la igualdad de oportunidades.
 

Según Wert, los alumnos de familias cuyos recursos están por debajo de un determinado umbral, reciben becas que implican que no paguen ninguna tasa, por lo que la situación de estos estudiantes, no se verá afectada negativamente por su medida. Hasta aquí, todo bien, pero el siguiente salto conceptual tiene su miga: dado que el resto de alumnos con ingresos familiares suficientes se ven “becados de facto” de forma que pagan sólo un 15% de la matrícula, y el dinero para pagar el resto sale de los presupuestos del Estado -que a su vez sale de los impuestos que pagamos todos-, al final resulta que el modelo anterior “expoliaba” al conjunto de los españoles para subvencionar a los estudiantes con mayores recursos. Además de esto, el que los alumnos que pagan, paguen de medie sólo un 15%, retrae recursos que, según nos dice el ministro, quieren utilizar para mejorar las condiciones y cuantías de las becas a los alumnos sin recursos. Es difícil juntar más falacias en menos argumentos. 
 
En primer lugar, el Sr. Wert trata de identificar a todas las familias de aquellos alumnos que no pueden optar a beca por razón de renta familiar con las “familias con mayores recursos”. Dicho así, parece que hablemos de la familia Botín, pero entre esas “familias con mayores recursos”, las hay que incluso pagando sólo un 15% de la matrícula, tienen dificultades para ayudar a sus hijos a costear sus estudios. El umbral se establece de forma arbitraria, y hay familias que, por 10 o 20€, no entran dentro del mismo y por tanto el estudiante de una de estas familias no puede disfrutar de beca. ¿Son las familias de estos alumnos mucho más ricas que aquellos que se consideran que tienen una renta familiar baja? Evidentemente, no. Es más, se puede dar perfectamente el caso de que la primera familia tenga unos gastos o deudas ineludibles mayores que los de la segunda, y que la disponibilidad para destinar recursos a pagar los estudios de sus hijos sea menor. También se puede dar el caso de que la familia, por la razón que sea, no quiera pagar la universidad a su hijo, o que éste no quiera que sea su familia quien ponga el dinero, y sea por tanto el propio estudiante quien, directamente, se pague los estudios trabajando a tiempo parcial ¿Es justo que las oportunidades de ese alumno para estudiar la carrera que quiere, dependan de la voluntad de sus padres? El modelo que teníamos hasta ahora garantizaba, en casi todos los casos, la igualdad de oportunidades para el acceso a la educación superior al requerir un coste bastante reducido. La nueva, reduce drásticamente esa igualdad de oportunidades.
 

La segunda falacia que se deriva de las explicaciones del ministro, y muy relacionada con la anterior es que se están utilizando los impuestos de familias con menos recursos para subvencionar las de estas familias con mayores niveles de ingresos. Como ya hemos visto, las “familias ricas” que se benefician no tienen porqué ser tales, pero es que, además, el cargo a los presupuestos generales del estado, no tiene porqué recaer en las familias más humildes. De hecho, eso depende de la progresividad de la estructura fiscal del país, que en España, y en contra de lo que dice la constitución, es bastante regresiva. No obstante el impuesto que más recauda en España es el IRPF, que es, hasta cierto punto, progresivo, y del que las rentas más bajas están exentas o pagan muy poco. Impuestos como el IVA o sobre el consumo de determinados bienes básicos, son los que hacen que individuos con rentas bajas puedan estar sufragando parte del gasto público del Estado, pero esas rentas sustraídas a los que no tienen recursos es en conjunto una parte pequeña de la recaudación del Estado, ya que sin recursos se consume más bien poco. De este poco que se recauda, a su vez se gasta un pequeño porcentaje en educación. En definitiva, las rentas más bajas aportan muy poco para la educación pública (como debe ser)
 

Son en realidad las rentas medias (desde medio-bajas a medio-altas) las que más colaboran en la recaudación vía impositiva, y por tanto las que pagan la educación universitaria. El verdadero fraude, es que esta progresividad se rompe con las rentas altas y muy altas, que al pagar proporcionalmente muchos menos impuestos (las rentas del capital tributan de forma efectiva mucho menos que las del trabajo, y más del 70% del fraude fiscal se concentra en las rentas más altas), no colaboran no ya en mayor medida –que es lo que debería suceder- si no ni siquiera en la misma medida, que las familias con rentas medias.
 

Otra falacia del Sr. Wert es la de que lo que se recaude de más con la subida de las tasas, se utilizará para mejorar las becas de los que más las necesitan. Esto suena muy bien, pero no es del todo cierto, ya que el presupuesto para becas ha subido en un 5,28%, pero también el número de estudiantes universitarios ha estado aumentando en los últimos años en torno al 5% y este año también lo hará. Además, el número de familias con ingresos bajos ha aumentado considerablemente con la crisis, con lo que el porcentaje de alumnos con derecho a acogerse a las mismas también será superior que en años anteriores. Eso significa que, o bien el presupuesto está rematadamente mal hecho y se ve claramente desbordado, o en caso contrario las supuestas mejoras van a ser mínimas o nulas. Si además descontamos, entre otras cosas, la inflación, la subida de algunos impuestos directos, la del IRPF y la subida del IVA que el Gobierno ya ha anunciado para 2013, en realidad el poder adquisitivo de las familias con pocos recursos es muy posible que baje más de lo que represente esa supuesta mejora en la cuantía de las becas.
 

La última falacia de todo este argumentario es la de que el objetivo de la reforma es "exigir al alumno un mayor rendimiento en el uso de los recursos”, para que “los repetidores no se perpetúen en la universidad”, tal como decía el pasado 19 de abril la Secretaria de Estado de Educación. Esto es, como el resto del argumentario, una verdad a medias. Si lo que quieren es evitar que los repetidores se perpetúen, lo único que tienen que hacer es endurecer las condiciones de permanencia. Vincular esta permanencia, como hace el Gobierno, al nivel de renta, expulsará a los repetidores con menos recursos económicos, y mantendrá en el sistema a los alumnos cuyas familias no tengan ningún problema para pagar. Se atenta así, de nuevo, contra el principio de igualdad de oportunidades. 
 
No obstante, no todo es negativo. Es cierto que el nuevo sistema puede ser un acicate económico para que los alumnos que actualmente acceden a la universidad sin verdaderos ánimos de estudiar, llevados por la presión familiar y la “titulitis”, y que se eternizan en el camino para finalizar sus estudios. Con suerte, igual podríamos llegar a ver, en este decreto, un golpe de gracia a la Tuna.

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